26 de octubre de 2015



       Hay una frase que escribí hace un tiempo y que en ocasiones como esta que vivo hoy me gusta desempolvar: "La democracia es ese sistema que sólo funciona correctamente cuando gana nuestro elegido". Leo a muchos partidarios del Frente Para la Victoria enojados con la gente, con el pueblo que hasta ayer sabía elegir, que había comprendido cual era el rumbo para que esta nación levantara anclas y partir hacia el éxito que fue esquivo durante años por no contar con una brújula certera. Parece que una gran parte de la población sabe elegir en determinados momentos pero en otros, víctimas de una pérdida absoluta del raciocinio, decide que el país se desbarranque.
 
       Ah, sí, la derecha... Porque Macri es la cara visible de la derecha vil y opresora del pueblo. Empresario, amigo del campo, simpatizante de las relaciones carnales con el imperialismo yanqui. Quisiera de corazón que, dentro de lo poco y nada que propusieron los participantes del ballottage, analices lo que cada uno de ellos dijeron sobre la economía a seguir. Son tremendamente similares sus acciones a futuro, el modelo es muy bonito a los ojos pero tiene un cáncer terminal que cuando salte va a determinar tratamientos urgentes y esta enfermedad es la falta de fondos propios, el estancamiento productivo y la falta de inversión. Y contra eso, el Daniel iba a traicionar los postulados k; no por mala persona, sino porque no quedaba otra: o caer estrepitosamente con el modelo o buscar una solución diferente al mismo y por lo menos intentar no golpearnos tanto.

       Pero Scioli representa a los intereses del pueblo y Macri a los de las corporaciones. Aunque ambos vengan del riñón de Menem y de los terribles 90. Macri no es santo de mi devoción como tampoco lo es Scioli. Pero seccionar el voto en inteligente o no según lo que piense cada uno habla de una obcecada soberbia y buscar disfrazar la verdadera coyuntura política. ¿Cuántos hinchas de Talleres hay? ¿Y de Belgrano? ¿Por qué todos no piensan igual? Porque somos hombres y cada uno obra y cree en base a sus vivencias que son siempre particulares y diferentes al resto de la sociedad. Por algo están las elecciones, para que se encuadre un rumbo general en base al pensamiento de los que más lo compartan. Es una quimera, nadie tiene la bola de cristal. Puede salir bien, puede salir mal. Pero si no hay respeto por lo que piensa el que tenés al lado el verdadero crecimiento no existe ni se hará realidad jamás.