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22 de junio de 2019

En el salón de los Objetos Perdidos
permanecen olvidados
una cantidad increíble
de "tenés razón", "gracias" y "perdón".
Pero lamentablemente
es muy poca la gente que se molesta
en ir a buscarlos
para volver a hacer uso de ellos.

11 de junio de 2019



       A
veces me arrebata un impulso incontenible de escribir algo.
       Una vez plasmado en la pantalla y justo antes de dar el click en el botón de «publicar» me ataca el análisis impostergable sobre si es interesante o no el texto, luego si este amerita ser leído por terceros, después si será criticado o bien recibido, ahí nomás si le sobrevendrán comentarios de refutadores de toda idea que no coincida con la suya que no tendré ganas de responder, posteriormente me acuerdo que a mí no me importa lo que piensen los demás sobre lo que escribo y al toque recuerdo que me planteé alguna vez que esto último que dije es una gran mentira porque en menor o mayor medida a todos nos afectan las opiniones de nuestros semejantes.
       Este proceso lleva varios minutos y en el final del mismo decido borrar todo porque no tiene sentido pasar un mal rato por unas tontas palabras vertidas en una red social. Ahí me digo que no soy un tipo inseguro y que no puede ser que me venza el temor a no tener control sobre el futuro y vuelvo a empezar este mismo proceso una vez más.
       Varias veces más.

6 de junio de 2019



       Por cucaracha me acaban de informar que una de mis sagaces humoradas salió en la última edición impresa de http://semanariovoces.com/ de Montevideo. Del otro lado del charco valoran más mi arte que en la propia tierra del fernet y el chori. Voy a comprarme un termo y vuelvo. Gracias.

18 de mayo de 2019


— Hay amigos que hace mucho que no veo con los que me encantaría conversar.
— ¿Y por qué no planteás un encuentro?
— Por miedo a que no les interese juntarse. O que tal vez el tiempo nos haya llevado por rutas distintas y no encontremos hoy un lugar en común. O que lo que nos haya unido antaño fuera sólo una circunstancia o un momento irrepetible sin bases en el alma. O por temor a que su sentimiento hacia mí no fuera el mismo. O porque no me gusta molestar. O porque el pasado tal vez esté pisado y olvidado.
— ¿Y tus ganas de juntarte?
— Quizás no sean tantas. O quizás estoy razonando demasiado lo que sólo hay que sentir.
— Qué jodidamente idiota es el ser humano... ¿No?
— Sí.

7 de mayo de 2019

No hay que dejar de ser niño
hay que jugar
hay que crear
hay que permitirse emocionar
hay que derramar inocencia
hay que poner el corazón sobre la mente
hay que reir sin intelectualizar
hay que llorar por llorar nomás
porque el alma necesita ser vaciada
porque el alma debe alimentarse también
porque el alma no tiene por que envejecer.
No hay que dejar de ser niño.
Nunca jamás.

28 de febrero de 2019

Tengo en mi vida cientos de opciones de cosas para hacer
pero siempre elijo exactamente las mismas
y me disgusto por perder el tiempo en esas rutinas sin sorpresas
y me castigo por no ser fuerte de espíritu y desecharlas
y me cuestiono si los demás también se lo cuestionarán
y me pregunto cuántos capítulos faltan para mi season finale
y me siento como un preso en una cárcel sin barrotes
y me digo que ya fue todo lo que tal vez tenga sentido
y me olvido que me olvido y recuerdo este momento
y me perdono y me quiero refugiándome en mi ego
y me escondo entre las sombras y me apoyo en una almohada
y me lanzo en algún sueño para flotar liviano y sutil
y me despierto pero sigo abrazando aquella lisergia
y me prendo en la pantalla para comenzar todo de nuevo
y me digo que tengo cientos de opciones de cosas para hacer
pero siempre elijo exactamente las mismas.

23 de febrero de 2019



Hoy me dieron ganas de escribir.
No sé particularmente sobre qué ni me interesa.
Sólo necesito calmar la fiebre de mis dedos
y la presión de mi cerebro.
A veces no importa lo que tengamos para decir.
Un pensamiento, un deseo, una alegría, un consuelo.
Frases que para el que escribe significan una cosa
y para el lector ocasional a veces otra diferente.

Lo realmente importante es no callar.
No dejar que la modorra de la rutina nos someta.
No permitir que el martillo del jurado popular nos haga creer que es importante y que existe.
No lamentar que no somos parte de un viaje si nunca intentamos adquirir los pasajes.
No temer al qué dirán, al ridículo, a la moral y a las buenas costumbres.
No decirle no al no que nos hace más fuertes.
Y redactar y transmitir y liberar y descubrir.
Y ser transparentes con nuestras palabras.
Y entregarnos al bálsamo de su magia.

Hoy me dieron ganas de escribir.
Y no me importa tanto que me leas
como que vos abraces el teclado y lo hagas también.

30 de diciembre de 2018


       Creo que el paso de los años me pegó y me he transformado en un viejo odioso. Ese al que le caen mal muchas actitudes de sus semejantes y que no está dispuesto a analizar si está bien o mal dicho juicio de valor, simplemente le molestan, lo expresa y a mamarla si a vos no te gusta. Varias veces veía a mucha gente atribuir este signo de convivencia a seres de avanzada edad y me parecía una estigmatización hacia una condición que podía insertarse en personas de cualquier rango etario. Pero ahora me veo a mí y puedo afirmar luego de un exhaustivo análisis interno que he pasado a formar parte de esa tribu inconformista y protestona.
      
       A ver, enumerando algunas de las cosas que me fastidian, podría afirmar que:
—Me molestan muchísimo aquellos que manifiestan una opinión desde el más elevado púlpito testimoniándote lo que tenés que pensar, que series ver, que películas disfrutar, a quién votar, que ideas políticas tener, que palabras decir y de que cosas te podés reir, so pena de pasar a ser un imbécil o un inadaptado si no seguís su prestigiosa línea de ideas y gustos particulares.
—Me molesta el que te aconseja con la celeridad de un gurú cómo debes llevar adelante tu vida cuando vos observás impávido que a duras penas puede sobrellevar su propia existencia.
—Me molesta el que te evidencia los errores del amigo ausente pero cuando éste viene lo llena de abrazos y elogios con la más actuada sonrisa.
—Me molesta el que maneja con suficiencia por la vía rápida mirando su celular y al ponerse el semáforo en amarillo acelera a full y te deja pegado a la senda peatonal con el rojo en la frente y las ganas de llegar antes a tu destino en la bilis.
—Me molesta el adulador compulsivo de exclusivamente todo lo que diga en las redes sociales el famoso con muchos seguidores, acompañando sus babosos comentarios con apelativos como "genio", "ídolo", "gracias por existir" o "qué suerte tengo de leerte todos los días".
—Me molesta el puteador compulsivo en las redes sociales de exclusivamente todo lo que signifique una idea contraria a su mesiánico sentir, demostrando que la tolerancia y el respeto que tanto proclama y exige en su propio muro no se condice con sus palabras vociferadas en los ajenos.
—Me molesta el que se cree más importante que uno y te mira con desdén sólo por haber actuado en un par de obras de teatro en centros vecinales o tocado como telonero de una banda renombrada de otros terruños.
—Me molesta el que envidia al que llegó allá lejos donde él quiso llegar diciendo que tuvo suerte o amigos influyentes o una billetera generosa; cualquier cosa negativa que disimule su falta de capacidad, planificación y empeño para lograr esos sueños que el envidiado sí utilizó.
—Me molesta el político, egoísta y tribunero, el prometedor de imposibles, el creador de relatos justificadores, el que te dice que te va a dar y después te quita, el que consigue su bienestar en base al tuyo y al mío, el que quiere eternizarse en la función pública porque sólo es hábil en el arte de mentir y cagar a la gente, el que hace que te pongas su camiseta y subliminalmente te hace defender sus espurios negociados.

       Podría seguir durante largo rato. Pero creo que con esto ya me probé (a mí y a ustedes) que me transformé en un viejo odioso. Sí. Muy.

12 de octubre de 2018

La sonrisa es el mejor antídoto
contra la violencia.
                 

21 de junio de 2018



      Te odio, Sampaoli.
Porque encarnás todo lo malo de nuestro sobrevalorado país. La falta de planificación, la soberbia, la prepotencia, la ceguera ante los hechos consumados, los cambios constantes sobre la marcha, la mentira, el creerse más de lo que se es. Sos el gerente de esta empresa llamada Selección. Te la dieron con un superavit de buenos jugadores que son triunfadores en todo el mundo. Con un nombre que no sirve para ganar pero que da una chapa que provoca cautela al que la enfrenta. Con una derrotero riquísimo en títulos propios y de clubes, en historias monumentales, en un prestigio que llevó procesos dolorosos para conseguirlo. Y fundiste la empresa. La transformaste en un microemprendimiento temeroso de alguna crisis económica, en una pyme que mira con pesimismo a la multinacional del mismo rubro que opera en el terreno del lado. Mostraste que el puesto de jefe te quedaba enorme, desde la elección del personal hasta la planificación de cada uno de los pasos a seguir.

      Sos horrible, Sampaoli.
Funesto, despreciable, infumable. Sos un manual de malas excusas, un libro con errores de ortografía, una comida indigesta. Elegiste a un arquero que no jugaba en su club y que no presentaba garantías antes que uno que era figura en el suyo y tenía el nivel de autoestima y de consideración popular por las nubes. No quisiste poner a Pavón porque no querías quemarlo y lo incinerás (a él y a Dybala, otro que lo llevaste para que no te jodieran pero que no pensabas poner y le diste el extintor a ver si apagaba el incendio) en un momento de confusión extrema. Pasaste por el 4-4-2, el 3-4-3, el 4-3-3, el 2-5-3 y cualquier variante aritmética que hubiera en los libros sin brindar seguridad en ninguna. Confundiste a tus jugadores, al público, a los periodistas: lamentablemente no lo hiciste con los rivales. No supiste levantar a nuestro mejor hombre e hiciste que Messi fuera ese guiñapo inexistente, ese fantasma del mejor del mundo, ese muerto en vida.

       Te odio, Sampaoli.
Y me dirás que con el diario del lunes es fácil tirar todo esto que sale de mis entrañas. Pero quién tenía una esperanza certera de que hiciéramos un buen papel en el Mundial si nos clasificamos sólo por esa noche milagrosa de Messi en Ecuador, si hicimos una eliminatoria mediocre, si encaramos un amistoso con una de las mejores selecciones del mundo como si jugáramos contra Mandiyú, si lo pusiste de titular a Caballero después de esa vergonzosa goleada, si cuando había que jugar amistosos no los jugaste e ibas a llevar a tus jugadores a minutos del mundial a uno en una trinchera, si nunca encontraste el equipo, si negaste la titularidad a los que mejor andaban, si perdiste el eje de que a una selección llegan los mejores no los nombres históricos, si pusiste un doble 5 contra la débil Islandia y dejaste huecos enormes en el fondo para que paseara Croacia, si fuímos una lágrima, si ni me dan ganas de mandarte a la mierda de lo destrozado que estoy.

      Te odio, Sampaoli.
Con toda mi alma. A vos y a ese energúmeno devenido en presidente de la AFA, mafioso con traje caro e ideas inexistentes, creador de un genial campeonato que favorecerá a los porteños y sumirá en la mas profunda desgracia al resto del país.

      Te odio, Sampaoli.
Dejame odiarte por lo menos. Es lo único que me queda para tapar esta vergüenza. Para esperar que al tocar fondo volvamos a intentar ser lo que éramos. Hoy, padecemos esto que no tiene nombre. Este tajo en el alma. Esta nueva frustración.

17 de junio de 2018

      Creo que tengo psoriasis.

Empecé a notar que mi cabeza se había transformado en una cáscara blanquecina y que mis orejas se habían plegado a la vestimenta para no quedar fuera de esta moda otoño-invierno en mi cuerpo. Si no es eso, es un ataque de caspa furibundo que generalmente me aparece cuando transformo en problemas aquellas nimiedades que no tienen la altura para serlos. Que el tránsito es una locura, que la nena no está rindiendo como debe en la escuela, que el tiempo se escabulle como agua entre las manos, que le ofrezco dedicación a cosas que no me ayudan a crecer en detrimento de otras que positivamente lo harían...

       ¿Y si enfrentara una reposera al hermoso sol que baña este día y me sentara en ella para debatir conmigo mismo sobre el sentido de la vida? Serían unos minutos, clarificaría mi existencia, dispondría de metas acertadas, le daría una patada en el culo a esos molestos pensamientos destructivos. Sí, creo que es lo mejor, hoy lo voy a hacer, esta misma siesta... Mmmmh, mejor mañana, hoy tengo fiaca, tengo que perder segundos valiosísimos que después lamentaré, si lo hago es porque me gusta dilapidarlos, nadie busca el mal para uno mismo. Sí, mañana sin falta saco la sillita. Y si está nublado, bueno, será pasado mañana. O algún día...

      Creo que tengo psoriasis.

25 de mayo de 2018


       No tengo pudor en confesar que soy un tipo extremadamente sensible. Y siempre que me moviliza íntimamente algo en una película o en una serie soy presa fácil del lagrimeo. El problema está cuando estoy compartiendo con alguien ese momento: tiendo a llevar mi cabeza hacia atrás y pensar en otra cosa para que no vea que estoy al borde del llanto o que se escapan un par de gotas de la represa hídrica que construyo tras mis ojos. Y hoy me di cuenta que tengo que deconstruir ese sentimiento, que tengo que permitirme llorar como un marrano si la emoción así lo indica y que no me tiene que importar lo que piense mi acompañante de la misma forma que no me afecta lo que opine la gente sobre las cosas que hago habitualmente en el resto de mi vida.
       Después de todo, no hay nada más sano que expresar sentimientos auténticos en esta sociedad donde predomina la imagen que miente y disfraza identidades.

17 de mayo de 2018

        Ordenando mi pieza guardé por fin en una caja estas reliquias que estaban ocupando lugar innecesariamente en cuatro amplios estantes. Siempre fuí un coleccionista recolector de películas; hace unas décadas internet todavía no existía y yo le daba duro a la video grabadora sobre todo porque lo mejor lo daban en horarios en que no podía verlo ao vivo, así que era cuestión de programar el timer y rogar que el horario de emisión que ponían en la revistita del cable sea certero para no perderme necesarios comienzos o esclarecedores finales.

El tiempo pasó y a la video la quemó un rayo de una tormenta imprevista, pero ya había comenzado a almacenar todo en DVDs. Tengo un cajón con alrededor de 200 discos: series, películas, conciertos; todo con su tapita impresa como corresponde a una buena pirateada. Pero el reproductor de DVD dejó de leer y este formato no era práctico para visualizar en mi compu. Me volqué al AVI, mpg, mkv, CGT y todo formato comprimido para poder disfrutar en mi pc. Seguí bajando a mansalva.

Hace unos años que no me abre la puertita de la lectora de mi All In One. Ahora soy un feliz poseedor de 4 discos extraíbles. Veo y escucho cosas que me traen recuerdos de aquellas tecnologías obsoletas que acompañaban mis almuerzos y mis meriendas. Disfruto de este pasado digital. Por lo menos hasta mañana en que el puerto USB sea reeemplazado por un chip neuronal y ubique a estos coquetos 4 discos junto a los dvds, cds y vhs en el centro de mi ojete.

3 de mayo de 2018

       Facebook hoy me pide que actualice la información sobre mí porque hace mucho que no lo hago. Lo hace como amigo, demostrando interés en mi persona. Preguntando sobre mi secundaria, mi color preferido, el club de mis amores, mis mejores amigos, mi inclinación política, los libros que leo, las películas que me gustan, las canciones que suenan en mi mente, lo que pienso sobre la economía, la validez de mi tarjeta de crédito, el barrio en el que vivo, mis deseos sobre el futuro del mundo, a qué hora almuerzo, si soy celíaco, cuánto tiempo le dedico a las redes sociales, qué opino sobre el capitalismo, si mi madre es una buena madre y comparte mi visión de la vida, si pienso mandarla a un geriátrico en un hipotético Alzheimer en su cabeza, si me gusta andar en bicicleta o preferiría comprar una moto, a quién votaría en las próximas elecciones, si no pensé jamás en cambiar de modelo de celular, si en caso que viera un canal de noticias éste sería TN o C5N, si me gusta el color rojo, si estoy a favor del aborto, si el nuevo modelo de Fiat Palio no es un poco antigüo ya.
       Se interesa mucho más en mi vida que esas personas que dicen tener lazos conmigo en la vida cotidiana. Y realmente ya no sé si son mis amigos. Amigo es el que le preocupa lo que me pasa desinteresadamente. Mi amigo es Facebook.

2 de mayo de 2018


       A
dmiro y respeto muchísimo a la gente que se juega por una idea y la lleva a cabo.
A aquellos que se salen del molde, que siguen la voz de sus pasiones, que más allá de las dificultades económicas que conlleve dicha elección le meten para adelante.
A los que saltan sin red porque se dieron cuenta que abajo hay un colchón protector que es la vocación.
Talentos tenemos todos.
Pero pocos son los que tienen la determinación de pasar del sueño a la acción.
Y esos, precisamente esos, son los que se ganaron legitimamente el lugar privilegiado en el que están.

12 de abril de 2018


       Hay algunos momentos específicos en los que me siento viejo. Es cuando me embarga esa sensación tan común a nuestros padres al expresarnos ante determinadas situaciones un pensamiento que entre líneas suscribía a que "todo tiempo pasado fue mejor". Y me pasa con las redes sociales; soy nefasto con ellas, me siento incómodo, sinceramente no sé usarlas como corresponde, no manejo ciertas reglas básicas que muchos dan por sentadas y que determinan tu perfil ante los demás. Recuerdo la época en que tenía mi blog Los sobrinos de Tarantino y estaba en Taringa; subía y subía archivos a rolete, compartiendo material que no circulaba por la red. Lo hacía con la intención de encontrar gente con ideas afines, dialogar sobre esas películas o esos discos que eran parte de mi alma, formar lazos con otras personas (que particularmente creo que es uno de los objetivos que tenemos en esta vida). Allí hice perdurables amigos (con uno de ellos comparto apreciadísimos momentos radiales) pero se abrió el registro en la página y entró una carrada de pibes que sólo querían conseguir puntos para figurar en un ranking de nicks populares, ávidos de una fama de cabotaje que sólo ensalzaba sus necesitados egos.
Ante ese panorama me fuí de allí y recalé en Twitter. Eramos muy pocos, hacía escasos meses que había sido creado y allí me divertí muchísimo con gente muy piola y creativa hasta que llegaron los famosos (periodistas, actores, conductores y afines) popularizando la red y transformándola en un registro de quién era seguido por más gente y la tenía más larga. Aparecieron los grupos de RT, la sobada de espaldas para conseguir favs, la compra de seguidores, los cositos de la pizza, el copypaste descarado, la falsedad, el cobarde que se esconde detrás de un alias para hacerse el valiente diciendo cualquier barbaridad, el ego descontrolado. No me hallaba en ese entorno y lo abandoné a medias (sólo me retuiteo cada tanto para que no se muera la cuenta, uno no sabe si en el futuro para algo puede servir) y abrí mi Facebook.
Y aquí estoy en el presente, con mucha menos actividad que antes porque comprobé que para mí las redes sociales eran una droga y me quitaban momentos muy valederos con personas que quiero, alejándome de objetivos importantísimos succionándome el tiempo de una forma animal. Extrañando algunas cosas de la era no digital, como cuando los amigos no eran contactos, cuando tomabas algo con alguien sin necesidad de estar más pendiente del sonido de una notificación de una pantalla que de sus palabras, cuando eras por tu ser no por un número en una red, cuando las cosas lindas pasaban y la alegría no debía ser exhibida para autenticarla ante los demás, cuando éramos libres.
Ok, no me estoy sintiendo viejo, debo serlo por mis palabras y por negarme al paso del tiempo que transforma la realidad en algo diferente a lo que viví de pendejo. Pero pocas veces expongo lo que siento y hoy tenía la necesidad de hacerlo. Seguramente habrá amigos que están de acuerdo con mis palabras y otros que dirán que soy un pelotudo. A estos últimos, sepan disculpar.

1 de marzo de 2018


       Todos tenemos objetivos en la vida. Trascendentales o de menor importancia pero objetivos al fin. Entonces, elaboramos un plan para conseguirlos y vamos intentando cumplir uno a uno los pasos que seguramente posibilitarán que lleguemos a la ansiada meta. Para arribar a ella pueden pasar horas, días, semanas, meses o años. O tal vez, caer en el intento y entender que lamentablemente es algo imposible y que conviene tomar otro rumbo hacia un punto no tan lejano. Y ahí llega la pregunta… ¿Valió de algo todo el tiempo invertido en ese sueño que no pudo concretarse?

        Según mi punto de vista, el objetivo planteado es algo secundario, lo verdaderamente importante es el camino emprendido en busca de él. Porque, seamos francos, el instante en el que llegamos a hacerlo efectivo es finito: llegamos, nos provoca una gran sensación de realización y listo. Pero ese trayecto emprendido, esa sucesión de hechos, emociones, alegrías, tristezas, decepciones, confirmaciones; todo eso es lo que va dándole forma y sentido a nuestra existencia. Ese camino es el que nos va dejando historias, amistades, nuevos conocimientos, contactos, aprendizajes, el sentir que estamos vivos.

        Entonces, está bueno confirmar que uno realmente es lo que transita mas que lo que consigue. Y que debemos dar a la meta el valor de un punto más en ese recorrido. Y que en ese camino hay placer y éxitos pero muy posiblemente también sinsabores y amarguras. Y que valieron la pena cada uno de los momentos que adornaron nuestro tiempo mas allá de que consigamos ese puesto de encargado o pasar de ronda o no en un torneo de fútbol.

          El camino, eso es la vida. El camino.

2 de enero de 2018


       Hay gente que como yo necesita de una fecha específica para plantearse un cambio en su vida o darle comienzo a un nuevo proyecto o buscar una original y enriquecedora meta. No sé si tendrá que ver con cierta personalidad cerebralmente esquemática o bien con la impericia de ser un buen patrón de mí mismo que imperativamente determine la premura de acciones que me beneficien por encima de la vagancia, los vicios o la procrastinación. Año tras año, tiro objetivos que casi siempre están ligados a lo material o a la mejora de una labor intelectual, corporal o artística. En este 2018, decidí cambiar de ángulo y proponerme una serie de normas de vida que tal vez sean más beneficiosas que las proyecciones de otrora: 

1) Ingreso ultra acotado y silencio de las redes sociales en mi celular. Siempre sostuve que son adicciones peligrosísimas si uno no tiene la fuerza de voluntad para limitar su consumo, te quitan tiempo importantísimo para cosas fundamentales y cuando estás con otro ser humano te transforman en un bicho irrespetuosamente antisocial. 

2) Reemplazar en forma paulatina tareas que me hacen sentir mal por tareas que me hacen sentir bien. Nunca supe por qué hago algunas cosas que me reprocho al final del día ya que me quitan tiempo para cosas que alimentan mi alma. Ok, sí lo sé. Soy débil de espíritu. Lo bueno es que me di cuenta y puedo hacer algo contra eso. 

3) Entablar comunicación solamente con gente que me permita crecer como persona. ¿Para que leer a personas que no aportan nada enriquecedor a mi espíritu? ¿Por qué intentar comprender a alguien que es diametralmente opuesto a mi sentido de la vida y torturarme con palabras obcecadamente dañinas? ¿Yo voy a cambiar de pensar por él? ¿El va a cambiar de pensar por mí? No. Ok, no voy a regalar improductivamente mi tiempo. 

4) No perder ni un ápice de optimismo. Me considero un tipo muy positivo. Pero a veces me vencen algunos problemas y caigo en la queja improductiva. Este año no me va a ganar ninguno. Ni uno solo. 

5) Ser un mejor ejemplo para mi hija. Soy un buen padre y me enorgullezco de ello. Pero hay pequeños vicios y acciones en la vida cotidiana que desarrollo con total normalidad y me parecen que están bien hasta que los veo reflejados en mi hija. En este item va implícito el no insultar nunca mas cuando manejo. 

6) Darle la misma trascendencia al que habla bien de mí como al que habla mal. Ambos casos son pensamientos de personas con diferentes visones de lo que soy (porque lo que mostramos no necesariamente es lo que somos) y es probable en un 99% que no sea ni tan capo ni tan pelotudo como ellos dicen. 

7) Hacer muchísimos amigos nuevos y apuntalar las relaciones históricas. Soy de la idea que el triunfo en el paso por este mundo se da no por los bienes materiales conseguidos ni por los títulos obtenidos sino por la cantidad de almas enlazadas con la mía. Es lo único que me voy a poder llevar cuando la parca no me dé tiempo de preparar las valijas. 

8) No olvidarme que el mundo puede cambiar siempre que aporte un granito de arena por encima de la mierda que lo ahoga y confunde. 

9) Amigarme conmigo mismo y no proponerme cosas que sé que no voy a poder cumplir. 

10) Abandonar las excusas y abrazar las oportunidades. 

11) Amar más. Incluído a mí mismo. 

12) Patear la zona de confort. 

13) Seguir siendo el niño que siempre fui. 

14) Recordar a cada momento este posteo.

26 de octubre de 2015



       Hay una frase que escribí hace un tiempo y que en ocasiones como esta que vivo hoy me gusta desempolvar: "La democracia es ese sistema que sólo funciona correctamente cuando gana nuestro elegido". Leo a muchos partidarios del Frente Para la Victoria enojados con la gente, con el pueblo que hasta ayer sabía elegir, que había comprendido cual era el rumbo para que esta nación levantara anclas y partir hacia el éxito que fue esquivo durante años por no contar con una brújula certera. Parece que una gran parte de la población sabe elegir en determinados momentos pero en otros, víctimas de una pérdida absoluta del raciocinio, decide que el país se desbarranque.
 
       Ah, sí, la derecha... Porque Macri es la cara visible de la derecha vil y opresora del pueblo. Empresario, amigo del campo, simpatizante de las relaciones carnales con el imperialismo yanqui. Quisiera de corazón que, dentro de lo poco y nada que propusieron los participantes del ballottage, analices lo que cada uno de ellos dijeron sobre la economía a seguir. Son tremendamente similares sus acciones a futuro, el modelo es muy bonito a los ojos pero tiene un cáncer terminal que cuando salte va a determinar tratamientos urgentes y esta enfermedad es la falta de fondos propios, el estancamiento productivo y la falta de inversión. Y contra eso, el Daniel iba a traicionar los postulados k; no por mala persona, sino porque no quedaba otra: o caer estrepitosamente con el modelo o buscar una solución diferente al mismo y por lo menos intentar no golpearnos tanto.

       Pero Scioli representa a los intereses del pueblo y Macri a los de las corporaciones. Aunque ambos vengan del riñón de Menem y de los terribles 90. Macri no es santo de mi devoción como tampoco lo es Scioli. Pero seccionar el voto en inteligente o no según lo que piense cada uno habla de una obcecada soberbia y buscar disfrazar la verdadera coyuntura política. ¿Cuántos hinchas de Talleres hay? ¿Y de Belgrano? ¿Por qué todos no piensan igual? Porque somos hombres y cada uno obra y cree en base a sus vivencias que son siempre particulares y diferentes al resto de la sociedad. Por algo están las elecciones, para que se encuadre un rumbo general en base al pensamiento de los que más lo compartan. Es una quimera, nadie tiene la bola de cristal. Puede salir bien, puede salir mal. Pero si no hay respeto por lo que piensa el que tenés al lado el verdadero crecimiento no existe ni se hará realidad jamás.

10 de diciembre de 2013

 
       Yo viví la dictadura. Era pendejito, pero la viví. También tengo vagos recuerdos de la anterior presidencia, la del General y luego la de Isabel: tiroteos, puentes amenazados con ser volados por los revolucionarios del pueblo, descontrol, temor. Todo eso derivó en un terror aún mayor del cual todos hemos leído alguna vez así que no voy a ahondar en detalles. Pero hoy festejamos 30 años de democracia. Que comenzaron con Alfonsín. ¡Qué huevos los del Alfonso! Porque a él le tocó bailar con la más fea. Hoy, con una fuerza militar diezmada económica y moralmente, yo también bajo el cuadro de un genocida de la pared y le cuento a la gilada que soy un héroe. Pero en aquella época, trayendo un arrastre de gobiernos constitucionales que duraron lo que dura dura, Raúl tuvo la titánica tarea de mantener vivas a las instituciones democráticas, luchando contra el poder económico, contra los militares que creían que este iba a ser otro período ventana para su costumbre de gobernar, contra los organismos internacionales que nos supieron endeudar y contra el peronismo. Sí, querido lector, el peronismo. Preguntale a Illia quién junto a los terratenientes golpeó las puertas de los cuarteles para que pusieran coto a la inoperancia de la "Tortuga". O a Alfonsín, preguntale quién había hecho un pacto con Magnetto para que no terminara su mandato y adelantara la asunción del Carlo.
       Luego vino la revolución productiva. O el cagarse en un pueblo que votó una política totalmente contraria a un neoliberalismo atroz y salvaje. Algunos todavía añoran el 1 a 1, el "deme dos" en Miami o la inflación casi inexistente. Todo esto sin analizar que el derrumbe del final de la segunda presidencia de Me*em fue su política recesiva, la privatización desembozada, la devastación del pequeño agricultor y de la industria nacional.
       Y vino Lobo del Aire, el tipo que se fue en un helicóptero. Cuesta entender que alguien que haya estado tantos años en el concierto político y cuyo fin primigenio era llegar a una presidencia haya mostrado tan poca preparación, tan escasa cintura, tanto desconocimiento de su cargo.
       Después, unos cuantos presidentes, de esos "reyes por un día", hasta llegar a Duhalde quién medianamente enderezó la economía y con ello consiguió posicionar a su pollo, un santacruceño del que nadie daba dos australes. El hombre de la cabeza contundente pensó que iba a poder seguir gobernando sin gobernar y puso todo su aparato político (qué en ese momento era inmenso) en función de ese tal Nestor. Pero Nestor, una vez conseguido el objetivo y luego de algunos meses de probar las mieles de la presidencia, le hizo la gran Cobos y lo bajó del proyecto a la primera de cambio.
       Lo que sigue la gran mayoría lo ha vivido. Hubo buenas y malas (aunque los k se hayan empecinado en librar de mácula a su gestión), hubo un cambio en la forma de ver la política por parte del común de la gente, hubo un revival de viejas glorias de la lengua argenta (gorila, golpista, oligarca), hubo subsidios de los que ayudan y también de los que sólo sirven para dibujar índices económicos, hubo estabilidad, hubo mentira, hubo y no hubo.
       Como sea, 30 años de democracia en Argentina es una eternidad. Y hay que agradecer a cada uno de los actores que encabezaron cada una de las etapas (sean de nuestro agrado o no) por hacer realidad lo que antes de los 80 era una quimera impensada. Y hacernos carne la idea de que "la peor de las democracias es superior a la mejor de las dictaduras". Y poder pensarlo y decirlo. Libremente. Por que de eso, principalmente de eso, se trata esa bendita palabra.