Admiro y respeto muchísimo a la gente que se juega por una idea y la lleva a cabo.
A aquellos que se salen del molde, que siguen la voz de sus pasiones, que más allá de las dificultades económicas que conlleve dicha elección le meten para adelante.
A los que saltan sin red porque se dieron cuenta que abajo hay un colchón protector que es la vocación.
Talentos tenemos todos.
Pero pocos son los que tienen la determinación de pasar del sueño a la acción.
Y esos, precisamente esos, son los que se ganaron legitimamente el lugar privilegiado en el que están.